MOMENTOS/ENCUENTROS
En la
vida he experimentado momentos de encuentros sublimes.
Todos
ellos han sido dados ya sea, de forma
fortuita o planeados y en los que las relaciones con el otro u otra han
sido vividas con una plena conciencia de que se está con alguien con quien se
puede ser libre, con personas con las que se puede abrir el alma totalmente.
Y esos momentos inefables me proporcionan un
sentimiento de armonía, de tranquilidad en el alma, de paz en el corazón.
Creo
que esos momentos fugaces han marcado un camino de redención en mí, en donde me
he sentido no juzgada sino plenamente amada, en donde el otro u otra han sido
como espejos en donde no tengo miedo de mostrarme y reflejarme tal cual soy, sin
máscaras, sin dobles caras, sin hipocresías.
Esos
momentos son mágicos, son tiempos de gracia, son un don inmerecido, son
instantes (largos o cortos) en los que puedo experimentar un poco el cielo.
Porque
pienso que el cielo es un permanente gozo que proviene de estar cara a cara con
el Amor, de una conversación sin fin con Aquél que me amó y pensó desde la
eternidad.
Esos
encuentros repito, me proporcionan un sentimiento de bienestar inexplicable y
desearía desde el fondo de mi corazón no se acabasen, pero como sé que en ésta
vida nada es para siempre, los llevo atesorados en mi corazón y en mi mente.
Recurro
a ellos, a esos recuerdos de los momentos vividos, cuando la existencia se pone
espesa, oscura, pesada, sin sentido, cuando agobiada por el rechazo de muchos o
por la incomprensión de otros tantos, me quitan las ganas de vivir.
Trato
de revivirlos y aunque lo hago con nostalgia, me dan la esperanza de saber que
tarde o temprano volveré a tener la bendición de reencontrarme con esos seres
de luz que Dios me envía para iluminar de nuevo mi existencia.
Y
tengo también la certeza de que esos momentos se repetirán una y otra vez hasta
que se cumpla el fin por el cual se permiten y es el de experimentar la ternura
del Amor de Dios, el rostro visible del Dios invisible.
Benditos
momentos que me renuevan por dentro, que me hacen sentir que sí existen los ángeles de carne y hueso y que han
sido enviados a este mundo para guiarme hacia mi verdadera patria y me
acompañan mientras tanto en este peregrinar.
Pido a
lo Alto, que me conceda siempre el sentirme amada así, de esa forma tan
especial, tan dulce, tan tierna, tan maravillosa y excepcional, en síntesis,
tan única y perfecta como solo Él sabe hacerlo, con misericordia y desde la
dimensión de la Cruz, mostrándome que el amar implica vaciarse de uno mismo, ir
al encuentro del otro y dar la vida si es preciso.
Lis.
En la vida y existencia de cada ser ,nos encontramos con seres que muchas.veces nos hacen sentirnos bien,pero eso es solo con la ayuda.celestial de nuestro padre Dios
ResponderEliminarEs una bendición de Dios poder contar con personas con quienes conectamos y que hacen que nuestro mundo no sea tan solitario y silencioso. Gracias por comentar.
ResponderEliminar